No hablo de excepciones, sino de realidades, porque "cuando el tiempo nos separa los recuerdos nos consuelan"
El hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. Y yo, con este blog, decidí hacerme esclava de mis palabras, y apartar el silencio.


Seáis bienvenidos, seres únicos.







viernes, 23 de octubre de 2015

Dedicado a quien te dejó ir: Inspirado en "My Lord, My love" de Anthony and The Johnsons.

Me han dicho, que habían vuelto a verme sonreír, como solía hacerlo antes. Que ya no había muecas rotas en mi rostro. Que parecía que había recuperado la ilusión, como si los cristales rotos se hubieran vuelto vaso, esperando a que alguien, lo llenara de nuevo. Pero que bien se me dan las apariencias. Y el hacer creer a la gente, que es muy fácil juzgar mi interior, solo mostrando la portada.

¿Sabes? Hoy me han preguntado por ti. Y me he quedado callada, pero al mismo tiempo, soltándolo todo en un mueca de "me hace feliz el recordar, lo feliz que ha sabido hacerme. Pero también me provoca dolor, el saber que se ha ido".
El dolor es bueno, me hace sentir que me importaste tanto como de verdad lo hiciste. Y eso no es poco. A veces, me siento como si trataras de sacarme del foso, pero lo único que me lanzas, son sogas. Porque, a día de hoy, aferrarme a tu recuerdo, me salva más que vivir sin él. Y eso es lo que realmente duele.
Ojalá el tiempo avanzara del mismo modo en el que lo hacen los cangrejos, hacia atrás. O las caracolas supieran traerme de vuelta el sonido de tu risa. Ojalá el "why can we just rewind" de Paolo Nutini fuera la respuesta a todas mis preguntas.Ojalá el olor a crepes recién hechos todas las mañanas. Ojalá sábanas naranjas, y pijamas con coronas. Ojalá nos(otros), y no otros.
 Pero entonces, llega la realidad y me pellizca. Despierto con legañas en los ojos, y la mirada perdida en ninguna parte. Como gritando tu nombre en cada esquina, y escuchando el eco de mi propia voz de vuelta.

Una vez te escribí eso de que eras mi devoción de no querer dejar de verte. Y ahora, me has vuelto atea. Que eras mi número séptimo favorito del abecedario, y ahora, he olvidado cómo recitarlo. He dejado de utilizar nuestro icono favorito del whatsapp, para no volverlo mundano con cualquier otro. Y el año que viene, Febrero lo convertirá en bisiesto, aunque supongo, que disimularé no haberme dado cuenta.
Porque, eso es lo que mejor sé me da, disimular. Actuar como si lo que fue, nunca hubiera sido.

y puedo decir,
que por fin,
he entendido eso de que,
para borrar tu recuerdo,
tal vez,
tenga que hacer como Nerón,
y quemar Roma,
hasta los cimientos.

Y ojalá encuentres el amor,
y esta vez,
no tenga punto y final.
Porque, desearle a alguien que sea feliz, aún cuando te duele hacerlo, es una forma de acepar que no todo lo que llega a tu vida se quedará.










miércoles, 7 de octubre de 2015

Chica terremoto.

¿Sabes? estoy aprendiendo a engañarme, pensando en que ya no te necesito. Que has dejado de ser el epicentro de todas mis razones, y de todos mis insomnios. Ahora, más que antes, no que nunca, estoy convencida de que lo que está destinado a ser, también puede caminar por otros caminos. Y entonces, la "chica terremoto", comprendió que "demasiado tarde" también es un lugar. Y muy frío. Porque el amor es esa bala que te ponen en la sien, y tú, ya sin duda alguna, eres la víctima del crimen más perfecto jamás organizado..
Quizás la clave, es asumir que el desastre estuvo aquí desde el principio, y agarrarlo con fuerza mientras bailamos con él. Aceptar que es nuestro, que siempre lo ha sido, y que, por muy fuerte que suene, también nos va a acompañar durante el próximo capítulo. Porque, un abrazo, a veces, también representa un atentado. He sentido como cada músculo, cada vértebra, cada rincón de mi cuerpo, me ha hecho temblar, y desaparecer, al compás de tus caricias.
Por ti, o mejor dicho, una vez ya habiéndote ido, la chica terremoto dejó de ser día, y se convirtió en penumbra. La dispararon en el corazón, y el autor del homicidio decidió quedarse dentro. Como cuando intentas desatar un nudo, y al final, lo que termina pasando, es que te ahorcas.
"Que cierre la puerta con llave, todo aquel que decida marcharse", me repetía a mi misma. Pero el dolor es arquitecto, y es quien nos construye.

Y ahora, ya no sé que duele más; si la puñalada, o el recordar a quien te la hizo.
Nunca busqué tiempo perdido, ni ganas sin usar. Sino que quería tiempo en el que perder la noción del mismo.

Quizás debería empezar a preguntarme, por qué no soy la cicatriz que lucirías con orgullo. O por qué no soy tu primer pensamiento, cuando alguien te pregunta que en qué estas pensando. Por qué no soy la casuística de tu casualidad más bonita. Por qué no soy tu verano inolvidable. Por qué. Por qué no soy esas palabras que subrayas de tu texto favorito. Por qué no soy tu error deseable, por qué no soy la música de fondo de tu vida.
A lo mejor es hora de empezar resignarme a dormir abrazada a tu recuerdo, mientras me susurra al oído, muy bajito, que algunas personas no duran para siempre: Duran lo que tienen que durar, para que se conviertan en herida, o en sonrisa.

Porque,
hay lugares perfectos para morir:
los suicidas buscan armas,
y yo busco personas.

.



lunes, 21 de septiembre de 2015

"Un clavo (no) saca a otro clavo"

Es siempre igual. Querer o dejarse querer. Recibir el balazo, o disparar el arma. Ser artista, o musa. Pero yo siempre fui más de tirarme de cabeza hacia la literatura. No sé como sujetar una pistola. Y estoy tan rota por dentro, que todo aquel que trate de acercarse a mí, terminará por cortase.

Siento que hay algo que se me escapa de las manos, y ese algo puede que sea alguien. Alguien a quien nos aferramos en exceso, en el que hemos echado parte de nuestras raíces, y en quien construimos un refugio, o al menos, la idea de uno. Como cuando ese alguien, en presente, se convierte en la ciudad en ruinas más bonita que jamás he conocido. Pero una vez más, con las puertas de su muralla cerradas en mis narices.

Y ahora, la noche es más noche, y el sol no brilla tanto, desde aquella vez en la que descubrimos quienes somos, y lo que estamos dispuestos a hacer para construir la felicidad.
Se acabó para siempre, y me duele como el primer día que empezó a deshacerse todo.
Tal parece que todo se resume en buscar, intentar buscar, pararte, salir al asfalto y quemarte los pies. Pero es que nadie te enseña a caminar con tantas ausencias, con tantos "te echo de menos".
Todo ello, me ha enseñado, que no podemos esperar a aquel que quiere venir, pero no viene. Que en determinados momentos hay tanto que decir, que no decimos nada. Que a veces, la misma persona que curó la herida, es ahora quien la causa. Y, es que, ciertas cosas no valen tanto como para llorar por ellas, porque si algo ha de venir, vendrá una tarde de invierno, para ahuyentar el frío y quedarse muy cerca de nuestro lado favorito de la cama, abrazándonos, mientras fuera, no deja de llover.

Llegaste en un momento de mi vida, en el que no sabía si era suficiente para alguien. Y ahora imagino que la felicidad será algo parecido a encontrar a alguien que no te pregunte porque eres así.

Pero se fue como lo hacen los farsantes,
dejando siempre la herida abierta,
obligándome a verla en todas partes.
El tiempo reescribió nuestra historia,
y quise resucitar,
y probé otros,
pero todos tenían un defecto: no eran él.
No me dejó ni un adiós de recuerdo,
pero sí un tatuaje de por vida: Un clavo jamás sacó a otro clavó.
Porque yo lo que necesito,
son unos alicates.
Porque hay que entender que ningún remedio funciona,
si el enfermo no se quiere curar.




domingo, 30 de agosto de 2015

Sé que no será facil, pero voy a intentarlo.

Todo el mundo cree haberse enamorado alguna vez; Hasta que lo hace por primera vez.
Y no pones nombre a la soledad, hasta que la vives en primera persona. 
Bien es verdad aquello que dicen de que "para que nada te duela, a nada te aferres", pero luego la gente pide alas en vez de aviones por navidad; Inventa pasos de cebra en cualquier esquina para cobrarse el beso del semáforo en rojo; Baja a todos los elefantes de la tela de araña para sentarse contigo; Toda la poesía del mundo se escribe en braille en cuerpos ajenos; Y Peter pan se deshoja las pestañas pidiendo como deseo el envejecer contigo. Y, aun así, de vez en cuando, tienes que olvidar aquello que sientes, y recordar lo que te mereces.

Siempre he sido partidaria de creer que a veces, en la vida, tienes que alejarte de las calles por las que pasas siempre, para darte cuenta de que hay otros caminos que merece la pena explorar. Pero cuando llega la práctica, en mi opinión, hay que tener mala memoria, o tal vez demasiada fuerza, para no volver a caer de nuevo en el costumbrismo rutinario. Porque he sido tan feliz, que ni siquiera he necesitado parecerlo. No sé si me entendéis.

También he escuchado eso de que no hay finales felices. Que los finales felices son la parte más triste, ya que cuando estableces una situación como real, será real también en sus consecuencias.
Las personas no se olvidan de un día para otro, y menos si te han dejado a su paso cicatrices. Lo mejor en la vida lo encuentras sin haberlo buscado. Y,  al final, los dos hemos acabado perdiendo, tú a quien más te quería, y yo mucho más de lo que puedes imaginar.

 Considero que, de vez en cuando, el cambio es bueno. Pero no es fácil. Me aferré a un "ojalá nunca te abrace por última vez", y terminé rogándole al tiempo que retrocediera a nuestro favor.
No hay mayor satisfacción para uno mismo, que conseguir aquello que en su día te pareció imposible. Confiar en alguien me llevó a no confiar en nadie. Y es aquí donde comienza mi cuenta atrás. Pero la realidad es, que si no te hubiera conocido, aún me haría falta conocerte.
Sin quererlo, o mejor dicho, queriéndolo, me has regalado el mejor año de mi vida. Un día 19 decidiste quedarte, y desde entonces, no ha habido mayor satisfacción para mi, que saber que he podido contar contigo, un día sí, y otro también.
Tengo tres eternidades de razones escondidas en los bolsillos para darte las gracias, y sencillamente espero haber estado a la altura en su momento para demostrártelo.

 Para mí,
amor es cuando tienes motivos suficientes para renunciar a una persona,
y aun así no lo haces.

27 de Agosto 2015,
4:47 am.

domingo, 21 de junio de 2015

Y yo no sé si para siempre, pero si por ahora.

Lo que es bonito, es empezar el verano con quien terminaste el último.
A ratos creo verte sin mi, a ratos me gusta imaginarme en tu pasado y pensar que nos cruzamos en algún charco sin darnos importancia. Como si llevásemos pegadas las ganas de un "sin ti", pero con un "contigo" entre líneas constante. Como cuando éramos lo suficientemente fuertes como para cerrar la puerta, pero demasiado débiles, como para echar la llave.
Ojalá fuera capaz de transmitir el tacto de tu pelo, cuando me dejas enredarlo entre mis dedos, y de repente han pasado dos horas, y de repente llevo dos horas a ras de sueño. Te diría, que cuando me miras en tono serio, yo te miro con tono yo, que viene a ser jodidamente enamorada de todos tus tonos. Y no voy a hablar de tu nuca, de tus ojos, de la envidia que me dan tus uñas cuando te las muerdes, o del verso más bonito que jamás me había dedicado nadie. Hasta que llegaste tú, te armaste en forma de poca luz y besos, y me dijiste las dos palabras que no han dejado de sonar en mis silencios.
Y yo también te quiero, vida mía, pero jamás seré capaz de escribirte cuánto, de qué modo, ni hasta que punto. Porque para eso necesito tenerte enfrente, dejar la poesía a un lado, y decirte con todo, menos con palabras, que desde que estás en mi vida, la vida envidia mi suerte, y la suerte se ha instalado por completo en mi vida.

"-Y que pasó entonces.
 -Pasó un hombre.
 -Pero que pasó.
 -Que era de los que nunca terminan de pasar."

Y no sé si me entendéis.
Porque contigo el vértigo es no saber estar a la altura. Tan delicado e invencible como una canción sin letra. Porque te pienso querer como no me han querido nunca.
Que yo no sé nada de la vida, y mucho menos del amor; pero quizá tenga algo que ver con saltar al precipicio sin esperar siquiera que te crezcan alas mientras caes, porque basta con que te mire para volar. Con que llegue, te abrace, sostenga tu mundo y por un segundo haga que dejes de temblar. Con que sonrías, de verdad, como si nunca antes hubieses tenido motivos para llorar. Con que te mire y suspire. Con que te coja de la mano, luego sonría, y ya no sean ganas de vivir, sino de morirte nunca.
Y es que hay personas que jamás deberían acabarse.

Porque te quiero lo suficiente,
como para dejarte ir,
pero también lo suficiente,
como para dejarte volver.




jueves, 7 de mayo de 2015

Hay esperanza en la deriva.

¿Sabéis que es lo mejor de empezar una relación? Los detalles. Esas primeras semanas, incluso meses en el caso de los más afortunados, en los que te levantas y lo primero que ves es un mensaje de "buenos días". Ese abrazo al despediros. Esa mirada cómplice cuando camináis al compás. El pensar, "que bien me va la vida, desde que estás tu en ella".
Lo mejor de empezar una relación, es eso de sentirte esencial en la vida de la otra persona. Como cuando tienes el papel protagonista en una película, es decir, que sin ti no hay guión, ni historia, ni trayectoria. Es como ser el papel dentro de la botella de un náufrago. El mapa de un extranjero. Es esa sensación de poder llegar a ser el medio limón de la persona con la que compartes. De ser el azúcar a su café. O el motivo de su mueca al expresar facialmente un sentimiento de satisfacción.
Lo bueno de empezar una relación, es lo que lo prometido no es duda, ni deuda. Esa bonita forma de tropezar con todo hasta llegar hasta ti.

Pero sin duda, lo más jodido de las relaciones, es que avancen. Eso a la que yo llamo "efecto chicle". Lo que pasa cuando ya te han probado, y masticado, una y otra vez. Hasta que llega un punto, en el que pierdes el sabor, y la realidad te escupe en la cara.
Lo jodido de avanzar es que los detalles ya sean rutina. Que los "te quiero" queden devaluados. Que las promesas se queden estancadas.

Dicen que cuando haces algo que no sientes, al cabo del tiempo sientes que no lo has hecho.
Y aquí estoy, enganchada a la nada, a los bares, siempre pidiendo otra ronda por si algún día se te ocurre volver con algo de sed, y que encima resulte ser de mí.

Aunque lo cierto es,
que me tragué un invierno,
y de repente salió el sol y vestía tu voz.
Los miedos se me llenaron de flores,
Y ahora creo que la primavera bien.
Porque, aunque llueva,
sigue haciendo un día de puta madre,
y creo que tiene algo que ver,
con que yo al mal tiempo,
le ponga tu cara.


lunes, 27 de abril de 2015

Fuera de contexto.

Te voy a echar de menos cuando esté completamente cuerda, cuando sea feliz con otros, o simplemente sin ti. Cuando seamos felices e infelices estando solos. Te voy a echar de menos porque ya no somos los que fuimos, ni seremos los que éramos. Ni fuimos. Porque nunca seremos los que fuimos. Y que paradójico suena todo. Parece mentira que fuera ayer cuando sí fuimos ser. Y esto me está matando por dentro. Porque el amor mata, y ambos supimos esquivar la bala, y aún así, no hemos salido ilesos. Porque hay una diferencia importante entre las personas que pasan por tu vida, y las que la atraviesan.
Te voy a echar de menos cuando esté sobria, cuando mis pasos me lleven inconscientemente hasta la puerta de tu casa, y no nos queden besos de despedida en los labios. Porque, vivo entre una elección constante entre el lugar adecuado, y el momento oportuno.
Pero lo más jodido de echarte de menos, es que dejaré de hacerlo cuando alguien llame a mi puerta, y llene este vaso que has dejado vacío, para volver a irse, como lo has hecho tú. Porque, tú, no quieras atarme a lo que no concuerda.
Es como cuando conoces algo de casualidad, y desde entonces empieza a aparecer todo el rato.
Porque,
tu punto y final,
se convirtió en mi punto de partida.




domingo, 12 de abril de 2015

(d)escribirte.

Raro es, que ya haya hecho mía la séptima letra del abecedario. Conocidas mis ruinas, encontré en ti a alguien con quien complicarme la vida. Y es precioso, tanto como tú. Y la vida pasa, si no me besas. La vida pesa, si no me abrazas.

Que todos mis relojes se han roto, porque no saben calcular las eternidades que tengo que esperar, para volver a verte. Entiende que cuando te escribo, es como si te limitase, porque al definirte, no existen putos parámetros para describir la forma en la que para mí, eres capaz de hacerle sombra, hasta al mismísimo sol. Y, sobretodo, cuando sigues hablando en la primera persona del plural. Nosotros. Porque soy sin ser, cuando no somos. No sé si me entiendes.

Que te has convertido en mi única dirección, y que ahora todos los andenes llevan tu nombre.
Que hay veintiocho letras en el abecedario, pero que tu no eres mi plan A, ni mucho menos el Z. Que junto a ti tengo tantos planes, que me faltan vidas para cumplirlos. Que me faltan palabras para describir lo que siento, y que me falta el aire para hacerlo mientras me miras.

Y eso de que tú tienes la mejores vistas de todas. Y un vértigo precioso.
Confieso que tengo mil formas de mirarte, y que todas son distintas. Porque eres capaz de convertir a un suicida en equilibrista. Y eso fue lo que hiciste conmigo. Fuiste, y también en segunda del plural del presente, el caos que necesitaba en mi vida.
Ojalá no te acabes nunca. Porque eres el vicio que encaja a la perfección con mi calendario. La sonrisa que me entiende.

Y entonces él sonríe.
Todo apunta.
Y su boca dispara.



lunes, 23 de marzo de 2015

Y los daños me pasan factura.

Nadie habla del miedo de pasar página. Dicen que la distancia más corta entre dos puntos es cosa de cobardes. Y así fue como me pediste que me quedara. Porque nos sobraban muchos errores de los que arrepentirnos. Pero admití no estar preparada para darme otra oportunidad.

He medido la distancia en abrazos que te debía.
Y yo, tuve mi táctica. Y solo lo he sabido, cuando en mitad del huracán, he necesitado crear mapas con la piel de tu espalda. Pero, aún así, siempre se me ha dado bien la soledad. Y tú, ya te sabías este vals de memoria.  Porque, en realidad, no eras más que un sustantivo, al creí propio, hasta que me dí cuenta, de que eras tan común como el resto.

Escarbando en cicatrices, y retrocediendo, he aprendido que no es a la tercera, cuando te das por vencido. Porque, sin andar, no hay camino, y sin camino no hay historia, ni victoria, solo derrota. 
Que la magia del naufragio no está en llegar a ser superviviente, sino en aprender a bailar con el vaivén del mar, en mitad de la tormenta, agarrar el timón y aguantar el tirón, enamorarte de la corriente.

Y, por las mil lagrimas por las que sonreí, abro un punto y aparte, para anclar un paréntesis en el pretexto esta ecuación de subordinación perfecta:
"Para los que estuvisteis apuntándome con el dedo, deberíais saber, que sigo siendo yo, la que me pongo la pistola en la sien, y la que decido si apretar o no el gatillo. Que no hay más balas para mi, que las que yo misma fabrico. Y que no tengo más heridas, que las que yo misma me hice, por voluntad propia. Pero, lo bueno de tener el corazón hecho pedazos, es eso, que las balas de los demás, tal como entran, salen."

A día de hoy, vivo en un enfrentamiento adverbial constante, debatiéndome en cualquier lugar, tiempo, por cualquier causa, cantidad, modo, interrogación, afirmación, y después negación. Pero sobretodo duda. Porque, a día de hoy, me han enamorado más palabras, que personas.




miércoles, 4 de marzo de 2015

Te quise por el mundo que trajiste contigo.

He soñado,
He soñado que te ibas para no volver.
Ausencias y desconciertos.
Y que voy a decirte,
aparte de que no era yo, quien dominaba tu sonrisa.

Me enseñé a quererte,
y lo peor de todo,
no fue buscar tu cara en la de todas las demás personas,
sino el no poder encontrarla,
en ninguna de ellas.

He soñado con la necesidad y con las ganas,
y el tiempo pasa como si sonase una canción triste.
Pero aquí sigo,
desbordada de necesidades a las que no les pongo nombre.

He soñado,
queriéndote tanto,
como para dejarte ir.
Y me aferré a todo aquello que tanto dolía,
por miedo a descubrir que dolía más perderlo.

Y decidiste huir,
como si en algún momento del para siempre,
se te hubiese olvidado,
que olvidar no era tan fácil.

He soñado,
en pretérito perfecto simple,
que la poesía es un mentira necesaria.
Y que eras la estrofa preferida,
de esta limitada sinfonía.

Y todo ello,
mientras las horas se paraban al verte pasar.

Pero lo cierto es,
que te esperaría otras seis vidas,
si eres tú el que me lo pide.

                                        https://www.youtube.com/watch?v=kcihcYEOeic





lunes, 26 de enero de 2015

Y ya son tuyas, 23 primaveras.

Yo nunca he sido el momento adecuado, ni para él, ni para nadie. Pero eso, hasta que llegaste tú.

Pensar en el pasado hace que me sienta segura; el futuro, por otra parte, me parece demasiado inestable. Abismos y paralelismos a la incertidumbre.
Pero lo cierto es, que si sonríes, te juro que el futuro que deseo es alguno en el que pueda verte sonreír cada día. No eres tú, ni siquiera soy yo, es la vida. La mía, en concreto. Mi vida y la forma que toma cuando estás a mi lado.
Sé que cuando uno quiere, y cuando mira a la persona a la que quiere, parece ver un mundo maquillado; pero te prometo que, pese a los adornos, sigues siendo lo más parecido a la calma que jamás he conocido.
Tú pusiste fin a un mundo de tormentas, un mundo donde en cualquier parte en la que estaba, sentía no estar en ningún sitio. "Igual el truco consiste en estar siempre, como nunca." me repetía. Y que bonita sonaban las mentiras por aquel entonces.
Pero que cierto es, que no sabría explicártelo tan bien como cuando te toco, y mis manos sobre tu cuerpo parecen estar dándote las gracias.
Te he querido sin saberlo, sabiéndolo, y en todas las formas verbales que existen. Te he querido de noche, de día y a deshoras.Te he querido de espaldas, de frente y debajo, te he querido encima y de lado a lado, y tengo que confesarte, que donde mejor me quedas, es cerca.
Te quiero de esa forma que no tiene forma, de esa que no cabe en las palabras, ni siquiera en la cabeza de uno. Te quiero sintiendo la profundidad de un algo que no toca fondo, de un infinito que se me encierra adentro y se expande, continuamente. Y te quiero así porque es maravilloso, porque si sonríes, prometo que no voy a interrumpirte, por muchas ganas que tenga de jugar con tu boca.

Ojalá algún día consiga que te veas con mis ojos,
pero no te preocupes,
que mientras tanto, tengo la intención de no dejar
de mirarte nunca.
Y tenía ganas de escribirte así.


Feliz cumpleaños, G.







domingo, 25 de enero de 2015

Y tiene nombre, con apellidos incluidos.

Soy un bolígrafo sin tinta,
un diccionario con faltas de ortografía,
la chica que no supo bajar del tren,
una película en blanco y negro por recortes de presupuesto.

y tú...

tú eres mis 27 letras del abecedario,
el día a mi noche,
y viceversa.
El tren de donde no me quiero bajar,
Febrero convirtiendo el año en bisiesto.

Somos sinónimo de una novela escrita en verso.
Somos el Yin y el Yang,
cuando todo se encuentra en continuo movimiento.
Somos ingenuo y sagaz al mismo tiempo.
Somos marmotas, como icono favorito de Whatsapp.

Somos la receta perfecta;


El mejor poema de Neruda,
un paseo por Fuencarral,
un "no te vayas" muy callado en la puerta del metro,
una mueca de desdén cada vez que dices eso de "mira que eres pánfila".


Eres mi tiempo
y mi tiempo baila al son de tus palabras.

Eres mi mejor canción cada vez que sonríes,
mi devoción de no querer dejar de verte,

Eres los mejores días de mi vida.

El "ojalá" cumplido con el que sueñan todas las estrellas.


Feliz veintitrés cumpleños,
Con amor,

R.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Veintinueve de diciembre.

De repente, todo está patas arriba. Tu te has ido, allí, donde aún sigue siendo verano. Y yo, aquí, mientras el reloj va consumiendo las horas, pensando como reducir la realidad a un simple tachón en la pizarra. 
Está claro que cuando uno se va, el que se queda no consigue deshacerse de la ganas de volver. Como si para rescatar lo que se ha muerto no se necesitase más que mirar fijamente una fotografía y, luego, cerrar los ojos. De repente está todo patas arriba, y hay crisis, y hay guerras y esta mañana ni siquiera recordaba que ayer me prometí cambiar las cosas.

Pero, que no se me olvide cicatrizar. Ni el cómo era yo,  antes de ti. Porque también tengo una bala en la recamara, esperando a ser disparada.

Ya no recuerdo la última vez que estuve completa, ni siquiera sé si lo he estado. Siempre he sido la mitad de un algo que no es nada si no me dices que soy yo a quien has estado buscando todo este tiempo. Porque para estar perdida a veces no se necesita más que estar en un lugar donde las personas que hay no te necesitan. Y estoy aquí, perdida, y no me necesitan.
Pero, era lógico, sí. Ni siquiera te lo reprocho, sólo duele. Simplemente. Hasta en el sótano de lo horrible, donde pensé "esto es todo, el límite", había un piso más abajo. Y bajé, y allí tampoco estabas tú. Supongo, que entre cicatrices y vacíos, la posibilidad se olvidó de volver a juntarnos.

Llega otra noche de precipicios,
y esta, con nombre incluido.

Un veintinueve de diciembre.




viernes, 28 de noviembre de 2014

Lo tuyo, eso muy mío.

Me cogía de la mano tan fuerte, que allí, entre nuestros dedos enlazados, se creaba un espacio de gravedad distinto. Tú, y ese pronombre, el segundo del singular, el que de repente, no quise usar con ningún otro. Aceleran sístole y diástole. Y entre sábanas, clavículas, y otras esdrújulas, perdí el Norte, y cualquier otro punto cardinal que no llevara tatuado tu nombre.

Porque no se aprende a ser valiente, al correr por delante del miedo. Y entonces, marinero pronostica tormenta.

Pero el caso es, que cuando te conocí, entendí a aquello que dicen de que no sabían despejar esa ecuación cuya solución era, según la  teoría, acabar a un golpe métrico sobre tus labios. Que cuando me dices, eso de que "que bueno es sentirse querido, verdad?", se paralizan todos los relojes, y tú, te conviertes en la medida de mi tiempo.
A ti, mi acorde imposible: que llegaste a mi vida un mes de Mayo. Y seguramente mentiría, si ahora mismo dijera, que no me enamoré de ti, desde el primer segundo en que te tuve enfrente.
A ti, que no te quiero inmortalizar en unas cuantas palabras bonitas.
Y nunca entenderán mi necesidad de pellizcarte, solo para recordarme, que eres una realidad. Esta manía mía de no acostumbrarme a verte inmiscuido en mi mundo, que lo transforma todo, en la rima más perfecta, que jamás he escuchado.
Y no me importan los continentes, si tú, eres el contenido. Deberíais ver su espalda, es sin duda el mejor cuento para dormir que conozco.

Una vez, me hablaron de la complejidad de los abrazos, de lo difícil que resultaba que dos personas encajasen perfectamente en uno de ellos. Y no se muy bien como explicar esta parte, pero los puzles nos miran desde la mesa, embobados.
Porque superas a cada segundo, las perspectivas que tenía de ti.


Y todo ello,
para darme cuenta,
de que no existe mejor futuro,
que el de conjugarte en mi presente.








miércoles, 12 de noviembre de 2014

Porfavor, perdóname.

No supe quererte mejor que otra. Hacía frío, y mis manos no supieron traerte el verano de vuelta. Te quise, y es cierto. Pero sobre eso, mis palabras no supieron hablarte. Un tú, y un yo, tan perdidos. Te quise también, un poco a oscuras, como persiguiéndote de cerca sin llegar a tocarte. Te quise como alguien a quien el miedo le ha dibujado la distancia sobre su pecho.
Y ojalá fuese distinto. Ojalá hoy y mañana, ojalá ayer y para siempre, tú te hubieses dado la vuelta, me hubieses esperado, hubieses decidido aprenderte definitivamente a alguien, y ese alguien, hubiese sido yo.
Pero hacía frío, y caminabas pensando en cómo querer sin hacerte daño, mientras yo ignoraba como decir tú nombre en voz alta. Te he querido tan en silencio, que si le pongo voz a lo que siento, parece que hablo en un idioma que ya nadie entiende.
Y ya ni siquiera puedo llorar, parece que hay un invierno que me ha congelado el interior, y afuera soy sólo piedra: una expresión póstuma. Una mueca de auxilio, unas ojeras, una mirada hacia un sitio de donde nada regresa. Siento estar lejísimos de cualquier lugar.
Ya nadie ama como atreviéndose a desnudar a alguien por completo. Apagan la luz, se acuestan juntos, se tocan con la necesidad, pero no con el sentimiento.

No se me ocurre un final alternativo,

para una historia,

que nunca ha empezado,

y duele.

Claro que duele.

           Te quiero. Y siento haberme olvidado. Me cuidas desde arriba. Yo te recuerdo desde aquí.

viernes, 17 de octubre de 2014

Desnudando margaritas.

Es de noche. Y este vivir me sigue sabiendo a sal. Ya no sabemos como sobrevivir(nos).
No sé, porque la noche, siempre tiene algún sueño que ofrecer. Me acaricia con sus promesas de "aunque venga el sol, yo nunca acabaré". Y siempre termina por acabar, cuando el sol me obliga a volver a la vida.
Prefiero vivir a la deriva. Que no necesito que me salven. Que estoy acostumbrada a la caída. Que prefiero mil doscientos acantilados, antes que un terreno llano, donde ya no sentir adrenalina. No sabes lo que es vivir de errores, ser siempre la que cierra las peores historias de naufragio.

"A ver si me voy a hacer muchas ilusiones, y no me van a caber en la realidad" me repetí hasta que asumí que era una cuestión de fe, no creerlo.

Tenemos muchos cómos, y ningún porqué. Y acabé llorando mares de dudas.
He hablado de mérito, de justicia. Y así, asumo que desde que soy, solo espero. Pero espero no esperar más de lo que asumo, que ya es bastante. Es como ir sin sentido hacia un precipicio, que se te había prometido como cielo.

¿Cómo te consigo abarcar en unos versos?. Me duele la garganta, y es, de gritar tu nombre. Tú, como mi verso octavo, de un poema 20 de Neruda. Y no te puedes imaginar lo bonitas que quedan las palabras, cuando están impresas en tus labios. Entender el amor como un paralelismo a tu boca. Y tus ojos, como el símil de una naturaleza hipnótica.
¿Y no es acaso el amor una palabra tonta para hablar de algo inabarcable?.

Lo cierto es, que no importa lo mucho que duela, si aquello que duele es algo por lo que morirías. "El dolor no será jamás tan definitivo como la muerte", piensas. Le escribo, le pienso, le sueño y por si acaso un día no está, me aprendo de memoria hasta su calor.

Y me sigue matando lentamente,
pero,
qué importa.
La vida también nos mata,
y es preciosa.

lunes, 6 de octubre de 2014

De fondo, alguien me oía gritar.

Las palabras se vacían y mis ojos se llegan de lágrimas. Escribir siempre ha sido una excusa. Siempre ha sido mi oxígeno. Siempre ha sido un estilo de vida. Siempre ha sido mi vida.
Y ahora, que te has ido. Que el vacío me agarra con más fuerza que nunca. No hay justificante para mi falta de emoción. Para la ausencia de ganas.

Ahora, que te has ido sin despedirte. Que jodida es la verdad. No hay nada eterno, no hay magia, ni chispas, ni hechizos. No hay razones para seguir viviendo, más las que uno se inventa. Hay pecados. Hay falsedades dibujadas en medias sonrisas de rostros tristes. Trenes que se van vacíos hacia el lugar donde amaste la vida. La pésima vida que nos ha tocado. La vida que sin mas razón deja de ser vida. Un paraíso inventado. Un beso nunca dado. Una ilusión nunca completada. Ya no sé si tenemos que dar las gracias al ser todo poderoso o intentar ser esclavos de nuestra existencia. Estamos solos.

A veces las oportunidades no llegan. O las vas a buscar tú, o te quedas sin ellas. Andamos sin más motivo que el de la incertidumbre de los días convirtiéndose en segundos ya pasados.
Todo se cae a pedazos, y el mundo ni siquiera tiene la decencia de detenerse y esperar a que recoja los trozos.

Y así, pasaron las horas.
Ultimo cigarro a tu salud.
Prometo escribirte.

Te querré, también en presente.

                                              https://www.youtube.com/watch?v=QB0ordd2nOI










domingo, 28 de septiembre de 2014

Empieza por G.

No por amor. Nadie escribe de esas veces en la que haces lo correcto, y te sientes como un gilipollas. Nadie escribió sobre Neruda, cuando se secaron los cerezos.  ¿Porque no se habla de aquellos que se esconden en un verso?.

Y entonces, llegó el. Como el prólogo que se anticipa a un perfecto desastre, y así, la historia, se convierte en un completo anonimato al descubierto. Adjetivos con destinatario, superlativos con dueño, estrofas con propietario.
Caídas libres que te hacen palpitar, tan, tan rápido, que pierdes el sentido del tiempo, y el aliento por sus palabras. Y la razón te pide que frenes, que vas a caer en picado. ¿Quién te hizo pensar que podrías ordenar este caos de cabeza y corazón? ¿Qué te hizo creer que podrías reemplazar un papel en blanco, por un golpe de azar tan acertado?. Una pieza de puzzle capaz de encajar a la jodida perfección.

Pasé horas mendigando a las letras. "Si tengo que escribir, lo haré sobre aquellos que tienen más corazón que pecho. Si tengo que escribir, lo haré de la sonrisa que se me escapa al verte", me repetía, una y otra vez.
Y así es. Que no quiero guerras, con quien no quiere reconciliaciones. Ni sonrisas que no tienen una boca que las aprecie.

Y tú, que pensabas que vanidad era lo que se escondía bajo los pliegues de mi falda. "Estaba loca, loca de remate". Estaba rota, tanto como un trapo. Y era dura, dura de roer. Y su único defecto, era él.
Que ironía más tonta. Que ilusión más cierta.

"Sospecho, que venía de otro mundo, por eso de que nadie había logrado entenderla nunca".

Eres inexplicable, como todo lo que nos hace felices.
Solían decir, que los finales felices son solo para aquellas personas tan tristes, que son incapaces de disfrutar de la historia. Porque lo importante, es el camino, claro. Las vistas, el cielo azul, las nubes, y el olor de la calle, después de una tormenta. Tu risa, tus ojos, tus manos, sucumbir al abismo mientras coges mi mano, o simplemente, luchar contra la gravedad en un beso.

Que te quiero,

Y eso, eso mismo es acerca de lo que nadie escribe,

porque sueño, no estoy loca.