No hablo de excepciones, sino de realidades, porque "cuando el tiempo nos separa los recuerdos nos consuelan"
El hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. Y yo, con este blog, decidí hacerme esclava de mis palabras, y apartar el silencio.


Seáis bienvenidos, seres únicos.







domingo, 28 de septiembre de 2014

Empieza por G.

No por amor. Nadie escribe de esas veces en la que haces lo correcto, y te sientes como un gilipollas. Nadie escribió sobre Neruda, cuando se secaron los cerezos.  ¿Porque no se habla de aquellos que se esconden en un verso?.

Y entonces, llegó el. Como el prólogo que se anticipa a un perfecto desastre, y así, la historia, se convierte en un completo anonimato al descubierto. Adjetivos con destinatario, superlativos con dueño, estrofas con propietario.
Caídas libres que te hacen palpitar, tan, tan rápido, que pierdes el sentido del tiempo, y el aliento por sus palabras. Y la razón te pide que frenes, que vas a caer en picado. ¿Quién te hizo pensar que podrías ordenar este caos de cabeza y corazón? ¿Qué te hizo creer que podrías reemplazar un papel en blanco, por un golpe de azar tan acertado?. Una pieza de puzzle capaz de encajar a la jodida perfección.

Pasé horas mendigando a las letras. "Si tengo que escribir, lo haré sobre aquellos que tienen más corazón que pecho. Si tengo que escribir, lo haré de la sonrisa que se me escapa al verte", me repetía, una y otra vez.
Y así es. Que no quiero guerras, con quien no quiere reconciliaciones. Ni sonrisas que no tienen una boca que las aprecie.

Y tú, que pensabas que vanidad era lo que se escondía bajo los pliegues de mi falda. "Estaba loca, loca de remate". Estaba rota, tanto como un trapo. Y era dura, dura de roer. Y su único defecto, era él.
Que ironía más tonta. Que ilusión más cierta.

"Sospecho, que venía de otro mundo, por eso de que nadie había logrado entenderla nunca".

Eres inexplicable, como todo lo que nos hace felices.
Solían decir, que los finales felices son solo para aquellas personas tan tristes, que son incapaces de disfrutar de la historia. Porque lo importante, es el camino, claro. Las vistas, el cielo azul, las nubes, y el olor de la calle, después de una tormenta. Tu risa, tus ojos, tus manos, sucumbir al abismo mientras coges mi mano, o simplemente, luchar contra la gravedad en un beso.

Que te quiero,

Y eso, eso mismo es acerca de lo que nadie escribe,

porque sueño, no estoy loca.



domingo, 21 de septiembre de 2014

Otoño. Y te escribo.

Escribiré sobre tu cabeza enloquecida buscando cordura en locuras con nombre y apellidos. El jugueteo incansable de niño que llevas en tus pestañas. De tu mirada de adulto, acompañada de esa sonrisa de soldado.

Malditos domingos. Y más de otoño. Otra vez en el mismo lugar, con un diablo bien insatisfecho.

Decían que nuestra vida no tenía nada que envidiar a ese falso guión. Para mí, era realidad lo que algunos denominaban utopía. Y así fue, como descubrimos que los mejores sueños se tienen despiertos. Pero como no, la vida ha venido a pedir cuentas. Y he aprendido que hay errores con nombre y apellidos. Que a veces valoramos más, lo que no hacemos. Y que nos mintieron cuando dijeron que soñar era gratis. Porque levantarse tras una caída no es un deber, sino una necesidad.

Y he creído mirar a cientos de ojos ajenos, queriendo estar mirándote a ti. Porque me matas cada vez que creo haberte encontrado, convirtiéndote en el humo de cualquier cigarrillo.
A menudo se nos olvida, que el vértigo, no se siente solo cuando miras hacia abajo. Yo, que siempre fui de perder el equilibrio, hasta que encontré en tus ojos dos razones por las que no caer. Y entonces comprendí, que todas las costas guardan un secreto. Como siempre, y hasta nunca.



Por ahí lo llaman amor, pero yo le he puesto otro nombre. El tuyo.



martes, 26 de agosto de 2014

No hay historia sin un prólogo. Ni verso sin ti.

Perdóname, ya sabes que soy una chica de metáforas. Eufemismos disfrazados en los versos que susurran tu nombre entre tanto ruido. ¿Y qué si vivimos entre ilusiones que se ahogan en el tiempo?.  Será por fisonomía, pero estas vendido si se clava en el lado derecho del pecho la flecha de cupido, y duele.
Llámame ilusa, idealista y mentirosa, por venderte una locura así. Ser musa y verso, como escritor al papel o cobarde a vértigo.
Nadie te enseña el arma del delito, ni a romper el mito de las mariposas en tu estómago. Nadie te advierte de los efectos secundarios, ni del peso de la rutina sobre tus hombros. Aprendes a esconder el hacha de guerra en tu estómago, para que no sea él el herido. Explotas tu pecho en un folio, como si pidieras revancha a la vida. Escribes tu propia versión de la historia, y te das cuenta de que no hubo victoria. Ni vencidos. Solo dos corazones vendidos al mejor postor.
Te preguntas porqué la poesía, en lugar de reconstruirnos, nos convierte en las ruinas de la métrica. Y porqué, tú ya no me sacas a bailar, en las ruinas de nuestro desastre.
Pero es que llega un momento en el que te cansas de ver pasar trenes, una, y otra vez. Y quieres que, de una vez por todas, te esperen a ti, y te digan "personas como tú solo pasan una vez en la vida. Y yo. Yo no voy a perderte".


lunes, 28 de julio de 2014

Adictos al vicio que les hace vivir en versos.

Querer cantarme al oído que ya no soy tu mayor vicio, ni tu mejor caída. Querer retratarte en un verso, una noche de verano. Un sensato pidiéndome que pierda la cabeza. Suena el tacto de tus manos haciendo de mi piel tu pista de aterrizaje; y se me olvida todo con tu chantaje de boca.
Alguien me dijo que los amores de verano, son los mejores errores. Y que el tiempo todo lo cura. Pero con esa locura de labios, ¿Cómo quieres que me centre?.
¿Sabes? Al final, entre copa y copa, se nos acabará el verano, y llegará Septiembre con su liderazgo. El verano nos trajo la locura, y el invierno nos traerá la cura, o eso he oído.
Tú, tú eres el que mejor sabe que siempre habrá miedos de más, y besos de menos. Siempre habrá veranos de sobra e inviernos en falta. Noches, en las que alguna loca te convierta en cuerdo. Muerdo el polvo si es por ti. Pero no te olvides de la historia de dos personajes que se enamoraron, y trataron de poner su mundo en pie, poniendo sentido al desastre, en una noche de verano.



domingo, 20 de julio de 2014

Teclas y soledad, el vals perfecto una noche de Domingo.

Y entonces  tu mundo se desmorona. Los silencios callando a gritos. Y las palabras al son de la música. Que astuto el engaño y que brillante la oscuridad. Solían decir que las metáforas escondían detrás un par de versos rotos. Corazones inquietos. Pasados no enterrados. Todo podía ocurrir, pero no ocurrió.

Yo te quiero, pero no te lo digo, porque diciéndotelo, sólo voy a contar un miedo en voz alta.
"Estar o no estar contigo es
la medida de mi tiempo"- decía Jorge Luis Borges.
Y lo cierto, es que los segundos me consumen más deprisa que un cigarro entre tus labios. Es como tener un huracán en el pecho. Querer huir, pero no saber hacia donde. Mantenerte inmóvil, sin apenas sentido de la orientación. Y no poder llamarte, porque la resaca responde a tu voz. ¿Cómo medir la felicidad entre tu ausencia y el amanecer todos los días?. Ahora mismo no sé qué tiempo verbal usar a la hora de quererte. Pero es que la gente no entiende que dejé pasar las oportunidades como trenes en lo que no te sientas a mi lado. Yo tampoco lo entiendo.
Susurro tu nombre cuando no hay nadie, como si intentase reducir la distancia entre nosotros. Te diré una cosa: la distancia más grande entre dos personas, siempre es el miedo de una de ellas. Y yo, tuve miedo. Y el miedo es como una estrella, ya me entiendes, su "luz" aparece una vez muerta la ilusión. La ilusión por quererte, como te quise por aquel entonces. La ilusión por un pasado en forma de futuro, contenido en una bola de cristal. Engañar al destino, embaucando a las casualidades. Y huir de este abismo que se nos viene encima, usando el pretérito como un trampolín.
Tu ya me entiendes, es Domingo.
Buenas noches, ausencia.










martes, 3 de junio de 2014

No es dónde, sino cómo. Quién.

¿Cuándo fue la ultima vez que te apasionaste por algo, que te desviviste por ello porque la emoción te consumía?.
Supongamos que existe un quién, y un porqué para poner medida a la sensatez, cada vez que tú estás en un dónde y en un cómo que desconozco. Y comprendí, que hay personas que brillas sin ser estrellas. Y silencios que separan sin ser kilómetros.

Y ella, que buscaba un sentido con nombre y apellidos. Un sentido, que la abrazase por las noches y que no huyera al ver sus cicatrices. Comprendió que enamorarse era tan necesario como respirar. Y que, igual que moría si no respiraba, también lo hacía, pero de distinta forma, si no amaba. Y todo, porque estaba acostumbrada a que las personas, se maquillasen los sentimientos. "Porque si vamos a morir, muramos por alguien que sepa llorarnos", solía pensar.
Que la vida, es tan corta, que no merece perder el tiempo esperando trenes que ya han pasado.
Por que ella, desde que no es ella, es eso, cerrar los ojos. Y no hay entonces visión más clara, ni sentimiento más exacto. Y no hay entonces ni culpables ni crímenes, ni un lugar donde añorar bostezos. Donde las promesas, son promesas, y no condenas.
Decidió cerrar los ojos y pensar que algún día se encontrarían, o se dejarían de buscar. Algún día ,un abrazo haría que no volviera a llegar tarde a ninguna parte. O alguien besaría esas necesidades de las que no hablaba por miedo a que se hiciesen más fuertes. "
A lo mejor escapar no conlleva necesariamente huir, sino que alguien decida quedarse con nosotros", entre suspiros.

 



"Parece que los martes también pueden ser abismos, donde caer es tan fácil como dejar de querer levantarse. Y, eso, te juro que recorrería cualquier distancia sólo para demostrarte que no nos hace olvidar."

domingo, 1 de junio de 2014

PAIN DEMANDS TO BE FELT.

Me regalaste un corazón roto. Creaste amor incomprendido. Escogiste cara en lugar de cruz. Si el amar es algo infinito, tampoco deja de serlo el dolor. La tarifa de aquel cabrón que te deja en bancarrota el corazón después de tantos susurros, detrás de tantas sonrisas fingidas. Hay tantas cosas que me callo, tanto dolor aquí adentro, que a veces, sueño con salir de esta puta encerrona, y recriminártelo. Contar cada una de las lágrimas al revés, de izquierda a derecha, perdiendo el Norte y el sentido del horizonte. Echarte en cara todas estas noches en vela, recordarte el remordimiento y la angustia de ser una marioneta, reprendiéndome a mi misma el no haber tenido más cuidado.
Y creo cosas maravillosas a partir de una sonrisa que te vi lanzarle a otra, como imaginándome siendo aquella que a lo mejor olvidó a qué sabían tus resacas.
La soledad no sería un problema si no les hubiese enseñado a mis canciones favoritas a recordarte. Pero qué coño puedo hacer, la vida me parece una cama demasiado grande para que la caliente únicamente un cuerpo. Ya me pesan los días y las horas me conducen al más dulce de los delirios.
 
"Ten cuidado con tu tristeza, que yo siempre me enamoro de aquellos que no sonríen".
 Me trago el humo como aquel que besa en una despedida, queriendo no marcar el lugar del asesinato.  Pero es que es tan difícil saber lo que quieres, y tan ridículamente fácil encontrar a alguien con quien desear hacerlo, que tengo la sensación de que lo he estado haciendo mal todo este tiempo. Llámame suicida, porque arriesgué antes de tiempo, y ahora estoy aquí, entre las sábanas manchadas de impotencia, bebiendo vino en una copa de promesas rotas, contando palabras y midiendo silencios.
Y que contradictorio se vuelve todo en una noche, cariño.
 
 

viernes, 14 de marzo de 2014

(Nos) rompemos.

La forma más bonita de hablar del amor es callándose. Como queriendo decir: "Nada de lo que diga, estará a la altura de lo que siento".
Yo recuerdo, recuerdo como si hubiese pasado. Pasado conjugando con sabor a presente. Y presente como un futuro perfecto.
Y que así corre la vida. Con esa prisa que tienen todas las cosas de alejarse, aunque nunca llegaran a rozarnos. Como esa incomprensión que crean las miradas tristes, que se pierden en un punto cuando nadie mira. Y buscamos respuestas. Nos gritamos los miedos. Rompimos las noches en las que soñamos. Y tuvimos pesadillas. Vagamos sin rumbo. Caminamos con la lentitud de esos pasos que pierden la esperanza cuando pierden la esperanza cuando saben que llegan tarde. Y de fondo, una tormenta, que parece lejana, cuanto más nos cala. Pero no lloramos. Nos rompemos. Recogemos los trozos. Nos arreglamos un poco las apariencias. Y es que nunca. Nunca. Nunca aprendimos a sobrevivir de otra forma que no fuese muriéndonos por estar toda la vida al lado de alguien. Y esa necesidad nos consume.
Se hace de noche y te juro que algunos días siento que no ha amanecido. Que ya no tengo ganas de dirigirme la palabra. Que ya no. Que ya no le busco una solución al silencio. Que se me olvida recordarme a veces. Que he malgastado todo el amor queriendo decirte cosas que escribí. Y no me quedan palabras. No me quedan fuerzas para sujetarme el desequilibrio. Y me caigo. Poco a poco. Lentamente.


martes, 4 de febrero de 2014

Duele.

Llegabas tarde, como el valor que me faltaba para decirte que te quedaras. Tarde, como las casualidades o los metros que recorro contando las baldosas amarillas hasta llegar a casa. 
Olvidar es como evitar no ser feliz constantemente. Quiero decir, cómo vamos a dejar de recordar lo que hemos vivido. He ahí el dilema, que el pasado guarda las peores cicatrices, y los mejores momentos, y que es imposible no mirar hacia atrás sin arañarse y no sonreír en el intento.
La solución sería coger un presente y conjugarlo como perfecto. Atrapasueños, serían nuestros ojos para aquella persona que se quedase a dormir en nuestra mirada. Y lo he estado esperando más tiempo del que necesito para perder la noción del mismo. Una locura, pero empiezo a pensar que la salida más segura es perder la esperanza cuanto antes, y que venga lo que tenga que venir, con tal de que nadie vuelva a irse sin nosotros. 
El reloj que tan lento va matando los segundos, y el final que parece acercarse tan deprisa. Que contradicción. Como cuando descubrí que estabas más cuando te ibas. O cuando descubrí que la intención solo cuenta para excusarnos de las derrotas. Porque tú me dijiste un día que perder sigue siendo eso: no saber encontrarnos. No preguntes donde. O a quien.


domingo, 26 de enero de 2014

Eres mi asignatura pendiente.

Nunca supe quedarme. Y mientras yo me enamoraba de ti, con esa ceguera digna de rescate, de ver sólo aquello que te conviene, tú te balanceabas en busca de la salida de emergencia más cercana. Nunca supe quedarme. Ni supe ser rescatada. Porque, intentando mirar hacia atrás, lo único que contemplo es un vacío bajo la suela de mis zapatos. Siempre preparada una sonrisa para llorar sin que nada ni nadie se diese cuenta, como la norma más esencial del Génesis.
Priorizando desesperaciones y baños de amargura. Una copa de soledad, por cada dos intentos. Aprendiendo como acertar a perder. Convirtiéndome en invierno cada primavera. 
Y sólo quería esto, joder: despertar y saber que hay alguien que te necesita. Ya he aprendido que tener la necesidad de algo no quiere decir que vaya a satisfacerse, porque la vida es así. Y si te digo lo mucho que te quiero, tú solo vas a imaginártelo, pero no a sentirlo. Creo haber encontrado un universo en esto, y cuando me asomo a mirarlo, me entra el vértigo porque no puedo controlarlo.
Es como coger a alguien de la mano, y notar que su mano es también la tuya, y mirar a unos ojos que te miran y también son los tuyos. Conocer una boca y sus esquinas, y cada centímetro de un cuerpo desnudo sobre una cama. Qué bonito paisaje. Y cuando no puedes dormir, mirar dormir a la persona que está a tu lado, es otra forma de soñar.
Y sólo quería decirte todo esto. Extralimitarme por una vez. Hay demasiada presión. Un nudo en el estómago compuesto por esas cosas sobre las que me da miedo hablar. Y ahora estoy mucho mejor, te lo juro. Pero aún, tengo ganas de besarte.






miércoles, 25 de diciembre de 2013

Es el ciclo mortal.

He visto los mejores amaneceres bajo tus ojos. Bailado con los fantasmas de tu ausencia. Acariciado fotografías ya caducadas. Y aunque no puedo más, vale la pena intentarlo. Las segundas partes nunca fueron buenas, y menos las terceras, cariño, en las que ya a veces me olvido de que era lo que me ataba a ti.

Había pasado el tiempo, pero no la distancia, y allí estábamos, con las manos llenas de nada. Con la sensación que dejan en la boca los besos que se prometen, pero no se cumplen, Había pasado el tiempo, pero no nosotros. Nosotros seguíamos tan quietos, inmóviles ante las mareas, acechados por recuerdos y cubiertos de impotencia. Impotencia por hablar, siempre callando. Por no saber rectificar antes de que fuese demasiado tarde. Ser las consecuencias de nuestras propias circunstancias, y bebernos a distancia.

El resultado de la suma en la que siempre le restábamos valor a nuestros sueños, que despertaban cuando dejábamos de estar dormidos. ¿Cuánto puede seguir alguien sin sentirse alguien?.
Hace frío, como los inviernos sin sol. O las llamadas perdidas.

Pero es que ya estábamos acostumbrados a la nada. A la espera, sin llegada. A los viajes de larga duración, sin un rumbo concreto. Ya sabes, eso que nos consume y nos deja sin aliento. Y yo me pregunto ¿Cuál será el nombre que le pondremos a la distancia?. Tal vez, melancolía, o café amargo. Prefiero tu voz. Aunque eso ya no figura entre nuestra lista de deseos. "Nuestra", digo. Y esta es mi forma de decir adiós, supongo.

Aún recuerdo cuando me dijiste entre besos "prometo una historia feliz, de esas cuyo final escribe el tiempo, y no las personas".
Dejaré un final abierto, un par de páginas en blanco. Creo que si no he saltado aún no es porque no quiera, sino porque nadie me sujeta. He encontrado el equilibrio en el borde del precipicio, pero nada me impide derrumbarme de vez en cuando. A veces resulta hasta sano dejar que las heridas te quiten el frío, a falta de algunos abrazos. 
Volverán esas noches en las que no sabremos donde escondernos para huir de nosotros mismos. 
Feliz navidad, soledad.





sábado, 23 de noviembre de 2013

"Gris pintaba las paredes, tu nombre, tu voz"

Soy esas notas del piano que chirrían en tu cabeza cada vez que pronuncias mi nombre. Las cartas mojadas bajo el colchón de tu cama. Las miradas que dicen más que lo que nuestros labios ocultan. Los escalofríos que recorren tus huesos expuestos al viento. Las flores que brotan en primavera. Tu aliento. Los miles de "quizás" que salían a diario de nuestras bocas. Esos "ojalas" tan monótonos y esos "y sí" que atormentan tus sueños. Porque, es cierto, que todos soñamos. Idealizamos. Esperamos. Y cedemos. Porque el Norte ha dejado de ser tu punto cardinal favorito, tú y tus manías. Tantas, infinitas, eternas. Sueño con que vuelvan, indistintamente de que tú lo hagas o no. Porque, también es cierto, que la calidez artificial está empezando a mover las piezas de este juego, que un día, tú y yo decidimos comenzar. Figuras de ajedrez que marcan rondas de impotencia cuando conseguías embaucarme con un "venga, es tu turno".

Es como si no pudiéramos pasar página, hasta que no llega otra persona para escribir algo nuevo en ellas. Será por eso que dicen, de que atarnos a los errores que cometimos, o recordar a las personas que amamos, es mejor que enfrentar esta realidad en la que nadie se nos acerca lo suficiente, ni siquiera para terminar de rompernos.
Y mañana volverá a ocurrir, que no ocurra nada. Que tropecemos con la misma piedra, y que esa piedra seamos nosotros mismos, sin saber ya, ni como apartarnos. Y que la distancia de hoy, será cicatriz de mañana. Comernos a "versos" la ausencia, y fumarnos a caricias las horas. 

Es verdad, que me he ido enfriando con los daños, y alejándome de mí con el tiempo, pero creo que puedo volver si me dices que vaya. Si me dices que me esperas en la puerta de casa, con las manos llenas de prisa por hacerme feliz. Puedo imaginarme el abrazo, duraría unos minutos, pero sería como una nueva estación. Nos daríamos cuenta, yo encerrada en tus brazos, y tú, Dios sabe donde, de que hay prisiones que nos hacen libres; Lazos que nos desatan y fuerzas de atracción mayores que los años bisiestos. 
Buenas noches, corazón. 








miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿por qué tardaría tanto?

Y que importa que el tiempo lo cure todo, si siempre se nos hace tarde. Sonrisas que se congelan en el tiempo, en el mismo intervalo en el que éste ya las ha devorado. Y que importa ya lo lejos o cerca que estemos, si ambos sabemos que uno de los dos acabará huyendo. ¿Y seguir flotando? Si al final la gravedad es la que siempre gana.
Pero creo que a estas alturas de la vida ya hemos muerto demasiadas veces.
La historia de mi vida en la pared de mi fría habitación. Porque, te juro, que el tiempo no pasa si tú no estas cerca. Te juro, que ya llevo dos inviernos sin que el verano se asome por esta ventana. El vacío y la soledad como droga y semáforo que evitan un golpe en seco. Y de nuevo, el símil, como mi figura retórica favorita, después de ti.
Sé que no soy lo que necesitas, pero ojalá fuera lo que quieres. Te transformé en mi octava maravilla, lo sé, y las otras siete sentían envidia.
¿Por qué? ¿Por qué sigue tu sombra ahí, parada, perpleja, burlando mi capacidad de olvidar? ¿Por qué no vaciaste los cajones de recuerdos y los bolsillos de mis pantalones de caricias? ¿Por qué, no, simplemente, evitaste que los escombros de la unidad que algún día formamos ardieran antes de volver a salir a la luz? Porque, como tú y yo ya sabemos, todo vuelve, y nada pasa. Porque, como deberíamos saber ambos, los kilómetros saben pegar donde más nos duele.
Intentamos mantenernos estáticos ante una realidad que se nos escapa. Mudanzas físicas y emocionales que hacen de este Noviembre el más frío de todos.
Yo que sé y hasta cuando habrá que despertar, abrir los ojos, y ver tu ausencia. Abrir los ojos y cerrar fuertemente las manos alrededor de todas esas ganas que tengo de que las cosas mejoren algún día. Algún día, cuando deberías ser tu. Y tú, cuando no deberías haber sido nunca.
Te juro que algún día aprenderé a dejar de memorizar los pasos en falso hasta coincidir con una casualidad. Una casualidad que descargue armas y cierre distancias, cariño.

sjshjs

domingo, 3 de noviembre de 2013

Serendipity.

Un "te quiero" ya pasado, sin que se nos quiebre la voz. Ojos que gritan pidiendo auxilio, y nosotros aquí, sin saber muy bien que decir. Recordábamos y recordábamos, esquivando algunos detalles. Subiendo cuestas que no conducen a ninguna parte, y con la esperanza casi desgastada de tanto borrar. Ambos esperando encontrar a ese alguien tan malherido como nosotros. Tropezar y que el destino se haga cargo de lo que nos espere a continuación. Pero es que no conocíamos otra cosa. Nunca nadie vino a enseñarnos otros caminos que no terminaran en precipicios infinitos. Ni en esas cuestas. Tantas pendientes, por las que nos dejábamos caernos las noches de otoño. Siempre fuimos causas perdidas, cariño. Un golpe de mala suerte que no supo esquivar la realidad al vernos beber Chateau La Lagune sin la prisa de todos los días.
Solías decir "no busques fuera lo que no tienes dentro, nunca sabrás reconocerlo". Y tal vez tengas razón, y la mejor manera de salvarme sea este desamor.
Cerraré los ojos y abriré las manos, y me agarraré con fuerza a ese vacío que, a lo mejor, un día consigue no doler tanto. Sólo necesitaba una tregua. La comprensión en la mirada de otro. Va a resultar que no es que estemos perdidos, sino que nos encontramos hace tiempo, pero,simplemente, no nos gustó lo que hayamos.




martes, 22 de octubre de 2013

¿Cicatrizaron a tiempo o llegaron tarde?

Recapacitas. Tratas de contener el aliento esperando un cercano rescate. ¿Y qué si no llega?. Las semanas se auto-consumen y la pila de cigarros en el cenicero empapa por completo mis palabras. Letras que no llegan y momentos que se nos escapan. Porque hace tiempo que dejé de escribir en papel reciclable. Todo con la intención de que estas desdichas, este dolor, esta angustia, no recayera en manos equivocadas. Porque así es como funciona todo. Estoy entre la espada y un precipicio. Porque el silencio hace más ruido que los miles de años de portazos que nos separan. Volver a caer, y no saber levantarte. Canciones que nos recuerdan lo que deberíamos olvidar. Mejor que "un no te vayas", un "tú verás". O quizás no. Como cuando la propia contradicción se contradice y los relojes corren en sentido opuesto.
Pero el problema es que nosotros ya estábamos rotos antes de empezar a resquebrejarnos. La línea cayó mucho antes de que la comunicación se cortara por completo. Y nos seguimos preguntando que falló, si ambos, o el mundo. No supimos superar algunas fotografías, quizás fue eso.
Y acabé fingiendo poesía con anónimos al teléfono. Aceleré y caí, y aquí sigo, abandonada en una cuneta, en el kilómetro no sé cuantos que dista de tu casa. Rectifiqué mis errores hasta que terminé con la tinta del bolígrafo; Párrafos emborronados y mentes nubladas. Palabras que buscan un cabo al que adherirse. Una cohesión sin coherencia y su compañera "adecuada" al contexto.
Tanto, y tanto que te enseñan, pero yo aún no he aprendido a vivir sin la esperanza de que me salven, porque, dormir me lleva a soñar contigo, y despertar echándote de menos. Ya no me queda tabaco tras el que refugiarme.
Debería volver a las hojas en blanco, y no a escribirte poemas en ellas. ¿Cuánta  felicidad nos quedó pendiente?
Y comprendí entonces que las catástrofes se levantan temprano, y que las alarmas no siempre nos despiertan a tiempo. El mundo se parece cada vez más a un día perdido. Y poco más.




lunes, 14 de octubre de 2013

"La gente que no cree en el amor debe tener una escusa jodidamente perfecta"

Se olvidó de mí
como yo olvidé
poner la alarma
aquel día
en el que
desperté
cuando ya
se había...

ido.

me olvidó
como si
fuese
cualquier domingo.

como si yo
no fuese más
que el resultado,
de restarle,
a la nada,
algo:

un cero
a la izquierda
del diablo
que sonreía
mientras el último
cigarro se acababa
en el cenicero
y yo me consumía
mientras tanto.

como se olvida
lo mucho,
aunque nunca
fuese
suficiente.

como los malos
momentos,
que terminan
sin ser
los peores.

nunca he sabido
borrar
del todo
los recuerdos.

siempre,
y sólo,
me conformaba
difuminando
las fotografías
con el vaho
que exhalaba
con cada
suspiro.

como cuando
sales de la ducha
y el espejo está
empañado.

así,
pero con todo
lo que vivimos.

con todo lo que
terminaría
matándonos
después:

ahora.







                                                                                                                                        EMDG

domingo, 13 de octubre de 2013

"Nunca pensé que en la felicidad hubiera tanta tristeza"

Es triste, aún no he aprendido a pronunciar algunas palabras sin que duelan. Y el orgullo siempre ha estado ahí, aplaudiendo mi falta de valor. ¿Inercia? Tal vez nuestras sábanas incapaces de encontrar las siluetas de nuestra presencia. Y tú que tan cerca estabas, y yo, que lentamente me aparté. Ojalá pudiésemos retroceder. O ceder. Ascender y descender en la escala que marca tu estado anímico se ha convertido en mi vicio favorito. Pender de un hilo y perder la consciencia, por unos segundos, porque ya hace más de una semana que es domingo, y más de un par de décadas desde que te fuiste. Y tú ya me sobreentiendes.
Ojalá pudiésemos volver, devolver todo ese orgullo, y quedarnos desnudos, desprotegidos, necesitando abrazarnos para subsistir, a base de tenernos el uno al otro. Pretendiendo perder los trenes que llevan grabados nuestros nombres. Estrellando la distancia contra tu pecho.Y poco más.
Ojalá pudiésemos desafinar las canciones que me recuerdan a los momentos que no compartimos. Porque he tardado más de media vida en aprender a atarme los cordones que me sujetaban a ti, sin que me dejasen marca. Es como oír los pasos de alguien que nunca llega.
Sé que siempre tengo la cama desecha, al igual que mi vida. Y ojalá nada de eso te hubiera importado, ni te importase. Yo no quiero cambiar, ni que me cambien, pero a veces pienso que tal vez merezca la pena hacerlo. Cambiar por alguien sería una bonita declaración de amor. Supongo. Al menos me sé la teoría, la práctica ya es otra cosa. Tal vez, si las circunstancias nos lo permiten, no pasaremos este otoño tan solos, ni el resto de nuestras vidas. Y todo para que el invierno no nos enfríe tanto la mirada, ni la distancia sea sinónimo de olvido.
Querido anónimo, ojalá supiese explicarte el porqué y cómo de todo esto. Pero, en mi opinión, no hay razón mas grande que el sin razón. Porque al final terminas comprendiendo que, a veces, cruzar la línea, no significa pasar al otro lado, sino alargar las consecuencias de tu mero inicio.





domingo, 6 de octubre de 2013

¿Y qué sí tú?

Y pediste poesía. Pero yo supe darte más que un par de susurros sin rima. Porque siempre te ibas, y olvidabas las cenizas. Y eso me mataba. Me asfixiaba. Es como si lloraras hacia adentro, te tragaras la angustia, y el dolor te intoxicara, lentamente.
Siempre dejabas la puerta entornada, nunca diste un mísero portazo. Nunca me diste una razón lo suficientemente obvia como odiarte. Como para olvidarte. Poco a poco, los saludos se convirtieron en despedidas. Y la luz de tus ojos desapareció de entre la multitud. El mundo dejó de ser redondo. Y la gravedad me tentó a caer rendida sin motivo alguno.
Nos quedamos sin gasolina en mitad de ninguna parte. Cuando nos tuvimos dejamos de querernos.
Tal vez, por eso que dicen de que creímos haber encontrado a esa persona a la que llevábamos tanto tiempo buscando, no fuimos más que el prólogo de una historia que aún no estaba preparada para ser escrita.
Y acabé sentada entre un montón de gente, junto a la sección de billetes de avión cancelados, porque es más fácil soñar, que despertar en un mundo que sólo sabe doler. Y si no me quitaba el sueño, improvisaba el insomnio. Distancia y cordura se contraponen constantemente. Porque no se puede vivir con la necesidad de que te salven, creando falsas catástrofes. Nos convertimos en una versión inédita a los ojos del resto.
Me da miedo pensar que este fondo se hunde cada vez más bajo mi peso. No hay tanta luz ahí abajo. Ahí donde descansan esperanzas, desesperadas. y los seres pueden dejar de ser en cualquier momento.
Y ahora entiendo que andar con pies de plomo es la opción más sensata, cuando la velocidad puede cruzar de nuevo nuestros caminos accidentalmente, y creer, una vez más, en ese "ven" sin pensar en las consecuencias. Podría(s) terminar conmigo, cariño.







domingo, 29 de septiembre de 2013

"Un domingo, con sabor a ausencia"

Nada. Nada contracorriente. Nada infinitesimalmente correcto. Y hasta el infinito ya nos contradice, cariño. Nada que decir. Nada que aclarar. Nada que cantar, y bailamos sin rumbo. Nada. Y nadando se llega a Roma, o eso dicen.
Algo ha cambiado, será el otoño. Que las calles se tiñen de melancolía, las farolas ya no reflejan tu sombra, los sombreros cubren miradas incautas, y la lluvia borra las pisadas de los extraños. Puede ser que las nuestras también, cariño. Lo mejor será que nos quedamos donde estamos, embriagados de dolor y aún pudiendo movernos, sin avanzar. Como quien intenta trepar en contra de la gravedad. O medir la distancia de aquí a tu boca, sin las facultades necesarias.

¿Y si te he olvidado pero aún no te he dejado de recordar? Tal vez ese sea el problema. El seguir contando los cigarros y los besos que dejamos pendientes. Reciclar, destruir, o reducir, como al fumar, a cenizas, todo lo que un día salvábamos mientras nosotros nos dedicábamos a morir.
Porque olvidar es como cruzar las calles con los ojos cerrados y el semáforo en rojo, deseando que, con suerte, puedas llegar vivo al otro lado.

Y dirás: "esto es tan bonito, que duele". Y te sonreiré mientras hago las maletas. Porque, cariño, nunca supiste leerme los labios, e hiciste que el reloj marcase la hora demasiado tarde. El tiempo nos consumió, poco y a poco, y ahora, esperamos un tren que nunca llega, en el mismo andén de siempre.